
El artículo de hoy parte del siguiente titular: “Carrillo en la alfombra roja“ y describe el estreno de un documental sobre la vida de Santiago Carrillo, llamado “Carrillo comunista”, que fue estrenado ayer en el Festival de Malaga y que glosa la vida de uno de los más decisivos protagonistas de los ultimos 80 años de la escena política española. Santiago Carrillo, que a sus 94 años tiene la mente tan lúcida que realmente asusta, estuvo presente ayer en el estreno y posó, como si de una estrella de Hollywood se tratara, caminando sobre la alfombra roja.
No voy a ocultar aquí mi admiración por un hombre que, como él, ha tenido tanta influencia en la toma de decisiones sobre los temas que más nos han afectado a los españoles en los últimos decenios. Nadie, ni siquiera los que defienden posturas más extremas (hacia uno u otro lado), podrán negar su influencia en la historia reciente de nuestro país. Su carisma inimitable, su capacidad de negociación y su pragmatismo político, hicieron posible que el movimiento comunista español, no solo no pusiera piedras en el camino de la incipiente democracia española, sino que fuera uno de los puntales más firmes del cambio que se estaba produciendo.
Sus ideas políticas, hijas de aquel momento histórico, están a mi entender ya superadas. Su concepto de “Eurocomunismo” que defendió (junto a Enrico Balager y Georges Marchais) la integración de los partidos comunistas europeos en el juego democrático liberal, renunciando a planteamientos de enfrentamiento radical, ya no tiene sentido en este momento pero, sin embargo, cuando se planteó dío una verdadera sacudida a las ideas y a la praxis política, que imperaba en los movimientos comunistas los años 70.
¿Os acordáis de la imagen de Santiago Carrillo con la famosa “peluca” con la que pretendió disfrazarse al volver a España en 1976 después de su exilio?. Yo era, en aquel entonces, un adolescente más preocupado por el sexo opuesto que por la lucha política (cosa que cambió radicalmente un par de años después) pero todavía me sonrío, como me reí entonces, ante la ingenuidad del disfraz.

Ya he dicho anteriormente que tiene 94 años pero ¡que 94 años!. Supongo que tendrá todos los achaques físicos normales en una edad tan avanzada pero, mentalmente, su lucidez es tal que da una verdadera envidia. ¡Ojala siguiera así de lúcido otros 94 años mas!.
Un abrazo “cariñoso”,
Esteban