MI BLOG DE COCINA

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martes, 6 de abril de 2010

EL TRIUNFO DE LO INSIPIDO


Estaba la pasada noche, conversando con unos buenos amigos “inter pocula” (o sea, tomando unas birras), cuando surgió un tema de conversación de los que solo aparecen cuando el cerebro está relajado por los efectos de los vapores etílicos.

Nada de discutir si el Barça tiene Mejor equipo que el Real Madrid, ni de si te cae mejor la Esteban o la Campanario, ni siquiera (y es que estaban las conyuges a dos pasos) si la vecina del 4º es más “simpática” que la del 6º izquierda, sino de un tema mucho más adecuado al momento como es “la desideologización de nuestra sociedad”.

Como siempre pasa en estas ocasiones, había opiniones para todos los gustos pero ganó por goleada la que defendía que vivimos en un tiempo en el que nadie (o casi nadie) toma postura, nadie se decanta al 100% hacia un lado o hacia otro y siempre hay matices en nuestros razonamientos. Parece que es el momento de “lo políticamente correcto”, de “lo neutro”, de lo tibio en todos los aspectos.

Lo curioso del caso es que esta tendencia no afecta solo al terreno político sino a casi todos los demás órdenes de la vida. Por ejemplo, si nos fijamos en cosas como la diferenciación por sexos, veremos que cada vez está ganando más terreno “lo andrógino” como si nadie quisiera definirse totalmente como “hombre” o “mujer”. Es casi casi como si tuvieramos miedo de reafirmar nuestra identidad sexual porque, al parecer, está mal visto.

Sobre esto último quiero decir unas palabras. Yo, supongo que como muchos otros, no soy precisamente sospechoso de machista o sexista. Yo, supongo que como casi todas las personas racionales y “civilizadas”, soy un defensor a ultranza de la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre hombres y mujeres (lo mismo que entre personas de distinto color de piel, de distinta religión, de distinta procedencia….). Sin embargo creo que, para conseguir la equiparación (creo que la palabra igualdad está muy mal utilizada en este contexto), el camino no es la eliminación de las diferencias sino más bien la puesta en valor de las mismas.

Un tal Karl Marx dijo hace mucho tiempo: “Cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”. Para que este pensamiento utópico se cumpla tiene que haber diferentes, si todos fueramos exactamente iguales, como en el Mundo Feliz de Aldous Huxley, nos convertiriamos en realmente no-humanos, ya que en última instancia lo que nos diferencia es lo que nos une.

Un saludo “masculino”,

lunes, 26 de enero de 2009

LAS BELLAS y LOS BESTIAS

¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!. De nuevo es lunes. Vuelta a coger el pico y la pala, o lo que es lo mismo, el teclado del ordenador y el teléfono. No se porque, a mí, las penalidades me inspiran y, de repente, me pongo a emular a Pedro Calderón de la Barca con un entusiasmo estremecedor. La vida es, a veces, “un sueño”, otras veces es una pesadilla con imágenes “de casquería” y las más de las veces, como en la noticia que os voy a glosar hoy, un sainete tragi-cómico.

El titular de hoy es: “Tendríamos que tener tantos soldados como bellas mujeres italianas, creo que no lo lograríamos nunca” y hace referencia a una de las últimas declaraciones-patochadas del ínclito Sr. Berlusconi con respecto al preocupante incremento de las violaciones en Italia. La idea es sacar a la calle al ejército para realizar labores policiales en las principales ciudades italianas, cosa que me parece ya de por sí peligrosa, pero, por lo visto, ni el mismo Berlusconi considera que esta medida será totalmente eficaz debido a “la belleza de las italianas” ¡mamma mía!.

Ya imaginaréis que no intento establecer un debate sobre los rasgos faciales o los atributos físicos antero-posteriores de las italianas (reconoceréis que me ha salido muy finolis). Por lo que yo se, la belleza depende del espectador y lo que a mi me parece bello podría parecer horrendo a otra persona de otra cultura. Tampoco quiero hablar de las declaraciones de Berlusconi. Me parece una pérdida de tiempo ya que este señor ya no nos sorprende. Sus actitudes machistas, xenófobas, clasistas son harto conocidas por cualquiera que tenga el mínimo interés en leer, ver o escuchar las noticias. Podría, pero tampoco lo voy a hacer, comentar que “cada pueblo tiene lo que se merece”, indicando que los italianos, que han votado por mayoría a este señor, no se pueden quejar de tenerlo en el poder.

Voy a hablar de lo que hay “implícito” en estas declaraciones y que no es otra cosa una descarga de responsabilidad (si no una justificación encubierta) de los violadores en función de la belleza o de la forma de vestir de las mujeres. Me recuerda aquella triste frase que se oía no hace mucho y que venía a decir aquello de “si es que se visten como putas”.

Reconozco que me gustan las mujeres (separar aquí claramente el “gustar” del “amar” ya que amar solo amo a una). Me confieso de que, cuando pasa una mujer bonita y bien vestida, no puedo evitar echar una ojeada discreta y solazarme con la belleza. Sin embargo, no puedo justificar, en modo alguno, el ataque a una mujer por el hecho de que vaya vestida con más o menos cantidad de tela. Llevando el ejemplo al extremo, si una mujer fuera absolutamente desnuda por la calle, pensaría que su actitud era indecorosa “por razones higiénicas” y que seguro que estaba pasando un frío de espanto, pero ni se me pasaría por la cabeza saltar como un animal babeante como si su desnudez fuera algún tipo de invitación a “no se que”. Seguro que miraría, si, pero con la mirada irónica del que piensa que “hay gente que no sabe que hacer para llamar la atención”.

Para mi, el respeto a la mujer parte, no de su condición femenina, sino de su condición de ser humano. Por eso no creo mucho en las discriminaciones “sea positivas o negativas”, pero eso, eso es materia de otro post.

Un abrazo “soñador”,

Esteban