MI BLOG DE COCINA

Mostrando entradas con la etiqueta Elegancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elegancia. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de octubre de 2016

JUST FOR MEN

Hola:

¡No! ¡No se me asusten señores que no voy a hacer propaganda de una marca de tinte para el pelo! .  El titular hace referencia a que este post es “solo para hombres” (o para mujeres de mente abierta).

Ya sé que me arriesgo (ahora veréis porque) a que me tachen de sexista pero, como los y las que me conocen saben que no lo soy pues…… lo demás “se me importan una higa”…. (como dirían en tiempos de Cervantes o, si lo preferís, en tiempos del Capitán Alatriste).

El otro día, en una conversación de sobremesa con mi pareja, salió el tema típico de si te gusta ese actor o esa actriz, pero no nos referíamos a sus dotes interpretativas sino al “físico” y hay una cosa que no conseguí hacerla comprender que es la diferencia entre belleza, elegancia, atractivo, sensualidad y sexualidad, en lo que respecta a las mujeres, claro.  Ella me decía que tal actriz era guapísima y, yo, estando de acuerdo con ello, le rebatía que no tenía ni pizca de sensualidad. Y así seguimos durante un buen rato.

Estas cualidades físicas pueden ir juntas o por separado de manera que una mujer puede no ser muy guapa pero ser elegante o atractiva, por ejemplo.

Por dar unos ejemplos concretos, Charlize Theron es guapísima, pero a mi no me “provoca” absolutamente nada y sin embargo, Monica Belluci, con 50 años a sus espaldas desprende sensualidad y sexualidad por todos los poros y es guapa pero no el bellezón que es, por ejemplo, Cameron Díaz.  Otro ejemplo, la elegancia de la presentadora de Telediario, Raquel Martinez, está en consonancia con su extraordinaria belleza pero a mí me provoca ternura más que otra cosa.

Y fijaros que solo he hablado de su físico y no de sus otras capacidades, que un ranking hay que hacerlo solo sobre un tema…¡que luego nos liamos!.

¿Y qué piensan las mujeres sobre los hombres?  Pues ni puñetera idea.  Yo ya renuncié hace muchos años a entenderlas.

Un abrazo “enamorado de la belleza”,


Esteban

martes, 29 de marzo de 2016

EL CHANDALISMO

Hola:

La idea de este post me la ha dado un primo que se ha ido a vivir  un barrio “castizo” de Madrid.  Hablando con él, me comentó que estaba sorprendido del número de personas, que se encontraba por la calle, vestidas con “chandal” y, al fenómeno en cuestión, lo llamó “chandalismo”. Me gusto la palabreja así que ahí va mi comentario.

Seguramente pisaré algún que otro callo pero…….. ¡así están las cosas!. ¿Quién dijo miedo?.

Por definición, el chándal, es una vestimenta deportiva diseñada para llevar encima del típico pantalón corto y camiseta que se usa para, por ejemplo, correr. Sin embargo, es un fenómeno de todos conocido que cada vez más gente lo usa para salir el domingo a dar una vuelta, en la que el máximo ejercicio que hace, es ir  comprar el periódico y luego a tomarse unas cañas.

Por cierto, me viene a la mente la famosa canción de Martirio que decía algo así como “Con mi chándal y mis tacones….” y también un polémico artículo (por el que recibió más de una bofetada dialéctica) de ArturoPérez Reverte en el que decía que tenía la sensación, aunque no fuera verdad, que la gente que llevaba chándal olía a sudor.

Este fenómeno, que era patrimonio de la gente menos acomodada, se está extendiendo y ahora podemos ver chandals “de marca” (de los que valen cientos de euros) paseando tranquilamente por las calles más céntricas de las ciudades.

Yo reconozco que soy un nostálgico incurable de la elegancia perdida y de la buena educación, no ya perdida sino olvidada, así que no puedo por menos que ver en esta “chandalización” una prueba más de la decadencia moral que está viviendo nuestra sociedad.

Eso, junto con la moda (que nunca entenderé) de los pantalones vaqueros rotos por todas partes, me indica que hay una tendencia a la chabacanería que se está imponiendo y no olvidemos que, la chabacanería, es lo contrario de “la clase”.

En fin, que debe ser que mi clasismo se está tornando en paranoia pero, y lo siento, yo cada vez que veo un chándal por la calle, me cambio de acera ¡no vaya a ser que se me pegue algo!.

Un saludo “por la elegancia”,


Esteban