MI BLOG DE COCINA

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viernes, 3 de junio de 2016

EL TAMAÑO SI IMPORTABA

Hola:

El tema de hoy está sacado de un artículo de “El Correo” cuyo titular es “¿POR QUÉ LAS ESCULTURAS GRIEGAS TIENEN PENES PEQUEÑOS?”.  La verdad es que me ha hecho gracia el titular, más gracia aun la hipótesis que ahora so contaré y me he desternillado pensando en la cantidad de estudios estúpidos en que pierden el tiempo algunos científicos.

El caso es que, el insigne profesor Andrew Lear (de la Universidad de Harvard) ha querido aclarar la causa de que todas las esculturas griegas de hombres desnudos tengan un tamaño de pene relativamente pequeño (siempre digo yo en estos casos eso de “muchos quisieran”) y, siempre, fláccido.  Por lo visto era un tema de gran importancia y controversia en el mundo científico que, el destacado profesor ha querido aclarar, de una vez por todas, en la prestigiosa (en su casa la conocerán) revista Quartz.

La teoría de este afamado profesor es que los griegos consideraban una prueba de “hombría de bien” la moderación y el control de los impulsos sexuales ya que, el valor preponderante, era la racionalidad y no la animalidad que se atribuía al sexo.  Así, los criminales o las gentes vilipendiadas eran representadas con el pene grande  y en erección y los héroes con un micro-pene bastante flojito.

No se qué narices tendrá que ver “el culo con las témporas” ya que, por lo que yo sé, el tener un miembro viril descomunal no tiene nada que ver con ser “tonto de babas” (salvo que creamos la leyenda urbana esa de que la sangre que llena el pene en erección hace que el cerebro quede menos irrigado). Yo mismo, modestia parte, me considero un hombre inteligente a la par que dotado……. ¡aunque no pienso dar pruebas de ninguna de las dos cosas!.

En fin, que mientras el cambio climático nos está machacando, la crisis económica mundial nos está dejando hechos unos zorros, seguimos sin encontrar la cura definitiva para el Alzheimer o el Cancer, hay gente que se dedica a medir los penes de las estatus griegas. ¡Bien por el profesor Lear! ¡Está haciendo un gran bien a la humanidad con sus sesudos estudios!.

Un abrazo “atónito”,


Esteban

domingo, 22 de febrero de 2009

LA ESPAÑA DE BABEL

Hoy no pensaba escribir para dejaros descansar un poco de los “tubazos” que os meto. Sin embargo, mi querido comentarista, y sin embargo amigo, Quilopan me ha “calentado los cascos” en una discusión privada mantenida mediante intercambio de mails. A la discusión se ha añadido, como convidado de piedra, Jose Manuel Beltrán (él no quería pero le ha metido en medio Quilopan) que ha sacado tajada de todo esto escribiendo un post llamado: MOROS Y CRISTIANOS cuya lectura os recomiendo encarecidamente.
El intercambio de opiniones, aunque mantenido en todo momento en un tono educado y cordial (como corresponde a caballeros de la vieja escuela), ha sido “calentito” ya que representábamos posturas sumamente encontradas. Os puedo asegurar que será muy díficil encontrar dos personas que piensen tan diferente sobre un tema, que lo defiendan con tanto ardor y que, sin embargo, mantengan las formas de esa manera. ¡Chapeau a la buena educación!.
El tema comenzó con el nombre de la capital económica (que no administrativa, que es Vitoria-Gasteiz, no se me enfaden los alaveses) de Euskadi, diciendo uno que no entendía que la llamaran Bilbo, habiendo sido Bilbao “de toda la vida” y defendiendo el otro el origen etimológico del nombre. Desde ahí derivó hacia la “cristiandad” o no de vascos y catalanes (la afirmación que se hizo por una de las partes era la típica de “que me hablen en cristiano”) y acabó con una serie de diatribas sobre la “españolidad” de las lenguas vernáculas, pasando entre medio, eso sí, por un interesante intercambio de opiniones sobre la denominación correcta del idioma predominante en España, a saber “castellano” versus “español”.
Argumentos a favor y en contra se fueron tejiendo en el cruce de mails (interrumpido por viaje de fin de semana “desconectado” de uno de los interlocutores) y no tiene visos de terminar aquí ya que, de todos es bien conocida la cabezonería del que os escribe. Como “el que da primero da dos veces” me he decidido a escribir este post, a pesar de que nuestro común amigo, Jose Manuel Beltrán, se me ha adelantado apresuradamente.
Os indico cuales son las posturas:
POSTURA 1:
- Las denominaciones de los pueblos y ciudades deben estar en el idioma de la C.A. y, preferentemente, deben conservarse los nombres que fueron cambiados por el franquismo.
- El idioma predominante en España se debe llamar “castellano” ya que el resto de las lenguas que se hablan en el país son también españolas. Lo contrario supone dar argumentos a los que defienden que Catalunya y Euskadi no forman parte del “Estado Español”.
POSTURA 2:
- Cita no textual: “…. me altera un poco es lo siguiente: un titular de un periódico se refiere a Lejona o a Lérida y escribe Leioa o Lleida. ¿Por qué? Por que parece que esos son los nombres reales de esas ciudades en su idioma…. Pero por la misma regla de tres, cuando hablan de Londres ¿por qué no escriben London? Y lo mismo de Moscú, Nueva York… y tantas y tantas ciudades que españolizan normalmente…”
- Cita no textual: “Yo no hablaré nunca del castellano. Siempre hemos dicho que somos españoles y hablamos español. Así lo requieren en cada formulario que nos solicitan. Si voy a comprar un diccionario en una librería, me dan un dicc. español-inglés/inglés-español. Si unos extranjeros acuden a una academia de idiomas, asisten a un curso de español para extranjeros…”.
Os podéis imaginar que ambas posturas parten de “concepciones filosóficas” de nuestra forma de organización territorial totalmente diferentes y, me temo que, irreconciliables. También os podéis imagnar que el cruce de mails contenía otros argumentos que no he querido mencionar aquí, bien porque no venían al caso, bien por no alargar demasiado el articulo.
Bueno, ahora ¡Os voy a dejar con las ganas! ¿Adivináis quién defiende cada postura? ¿Cúal es la vuestra?.
Un abrazo “picaro”
Esteban

viernes, 13 de febrero de 2009

CHAPA y PINTURA

Hola:

Hay veces que una sola imagen establece una cadena que te lleva hacia otras imágenes, y así sucesivamente, hasta que oyes un ruido seco en tu cerebro, algo así como un “crash” y el puzzle se acaba por ensamblar. Hoy, al leer un periódico gratuito, de esos que dan en las bocas de metro, me ha pasado algo así, aunque todavía no estoy seguro de si el ruido que he oído provenía de mi cerebro o de que se ha “escacharrado” una de las escaleras mecánicas. 

La foto en cuestión que ha provocado el reordenamiento de mis neuronas ha sido una instantánea de Demi Moore que, al parecer, fue tomada en “La Bernilale. Desde esa foto hasta recordar un reportaje que leí lo otro día en una revista de índole cultural llamada “Quore” solo han pasado décimas de segundo. No toméis como cobardía, que no lo es, el que os diga que yo no leo nunca ese tipo de revistas. Lo que pasa es estaba en la peluquería, en la que habitualmente me entretengo con tebeos del Capitán Trueno y Zipi-Zape mientas espero, y no había otra cosa que leer. Yo soy un lector compulsivo, que miro hasta las etiquetas de los frascos de champú, y la idea de pasarme una media hora escuchando las insulsas conversaciones barbero-cliente me pareció una expectativa mucho peor que enterarme de las últimas movidas de los Muñoz, Pantoja, Parajes, Wiza y compañía. 

Bueno, volviendo al tema que nos ocupa, el caso es que la revista en cuestión tenía un interesante reportaje en el que un montón de guapas famosas aparecían, como si de un “antes y después” se tratara, en fotos sin maquillar y maquilladas respectivamente. Si habéis visto el mencionado reportaje sabréis a lo que me refiero pero, para los que no leen este tipo de revistas (algunos que yo conozco prefieren otras como el “Interviú”) os diré que el bajón que me dio cuando vi caer de su pedestal a algunos de mis iconos de belleza fue terrible y todavía no me he repuesto del todo. Ver a Cameron Díaz, sin los dos quilos de polvos, cremas y postizos me revolvió el estomago. Apreciar los granos y manchas en la cara de Penélope Cruz, me convenció de que la vida es un valle de lágrimas. Ver a Sharon Stone sin los revoques de yeso que al parecer se pone habitualmente, me hizo pensar que había sonado las trompetas de Jericó y que estábamos a las puertas del Apocalipsis. Y así hasta que decidí cerrar la revista e irme a la farmacia de la esquina a comprar dos cajas de Prozac. Por cierto, acabo de recordar que, con las prisas, se me olvidó pagar el corte de pelo ¡que se le va hacer!.

Todo esto me ha servido para filosofar sobre la verdad y la mentira, sobre la conveniencia de hacer caso o no a las apariencias y también sobre si es mejor usar “Margaret Astor” o “Ponds belleza en 7 días”. Pero no os asustéis que no os pienso meter un rollo epistemológico.

Por un momento he pensado hacer un post denostando el engaño del maquillaje y poniendo a parir a todas aquellas (y aquellos) que ocultan sus defectos con el único objeto de parecer cosas que no son. Sin embargo, este pensamiento ha coincidido con una visita a “La Toilette” en la que me he mirado al espejo y he visto mi imagen en retrospectiva, cuando me levanto de la cama, sin afeitar, con la legaña pegada y los ojos rojos por el sueño y he pensado….. ¡Yo también hago lo mismo!. No uso maquillajes ni cremas hidratantes-reafirmantes pero intento, en la medida de mis posibilidades, dar la mejor imagen posible de mi mismo así que yo también cometo el mismo pecado del que pensaba acusar a los demás.

Como no quiero caer en el error de “ver la paja en el ojo ajeno pero no ver la viga en el propio” he decidido no hacer apología de la cara lavada (”y recién peiná”) y decir, simplemente, que recordemos todos que “la verdadera belleza está en el interior” ya que, al parecer, la otra, la exterior es relativamente fácil conseguirla en un tarro de “Esencia de Guayaba con Baba de Caracol, Aloe-Vera e Hydrolactol-14 “.

Un abrazo “descremado”,

Esteban