MI BLOG DE COCINA

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miércoles, 30 de julio de 2014

LA DECENCIA

Hola:
Hoy, solo unas pocas líneas para decir que así como el honor, la honestidad, la puntualidad y la buena educación, están en desuso como palabras y como actitudes, la DECENCIA "ni está ni se la espera".

Ya no solo es que se actúe con indecencia en todos los ámbitos de nuestra sociedad sino que además se ha perdido cualquier atisbo de decoro o vergüenza o, lo que es lo mismo, se hace "a la puñetera cara" y nadie se pone rojo.
  
Cada vez que escucho las noticias o leo el periódico (yo soy de radio, más que de TV) se me hincha la vena del cuello y me sube la tensión a niveles peligrosos así que he decidido que solo voy a leer las páginas y escuchar los programas de tecnología, moda y deportes.......... ¿o tampoco? .
  
Un abrazo "decente",
  
Esteban

martes, 27 de enero de 2009

HONESTIDAD o INCOMPETENCIA

Ayer dejé escrita en mi post “una declaración de amor”. Seguramente pasó inadvertida para casi todo el mundo pero, y eso es lo realmente importante, llegó a la destinataria. Podéis entender lo que me costó hacerlo si pensáis que yo pertenezco a una cultura y estoy en un segmento de edad, en los que mostrar los sentimientos en público era interpretado como un signo de debilidad o de “ambigüedad sexual”. Así que, hoy, estoy feliz. Pero no penséis que eso va a significar que voy a hacer un post “pastelón”. Hoy toca “cambiar de tercio” y pasar a un tema más mundano y, a menudo, menos limpio: La Política.
El titular de hoy es: Zapatero contesta: Pude equivocarme, pero no engañé. Es obvio que se refiere al programa de TVE llamado “Tengo una pregunta para Ud.”, emitido ayer, en el que el Presidente del Gobierno contestó a las preguntas de 100 ciudadanos anónimos. Este formato, a diferencia de otros mucho más engolados, tiene una cierta frescura y permite evaluar, no solo la preparación, sino también la agilidad mental del interrogado. Por cierto, una encuesta de la propia TVE le dio una puntuación de 6 (en una escala de 1 a 10) con lo el Sr. Rodríguez Zapatero obtuvo un aprobado.
Seguí atentamente el programa (al precio de perderme la película de Van Damme que daban en otra cadena) y, aunque en ciertas fases me resultó aburrido, tengo que decir que no fue “el tubazo” que me esperaba sino que en general resulto bastante ameno.
Hubo preguntas curiosas, capciosas, inteligentes, esperpénticas, en fin, lo que se puede esperar de un formato como éste. Hubo algunos momentos “estelares”, como ese en el que la señorita con Síndrome de Dawn le pidió literalmente empleo, o como los que le preguntaron por su promesa electoral de “pleno empleo” con la que está cayendo.
Sin embargo, sin dudar, la pregunta que más me interesó fue aquella en la que un ciudadano, presuntamente anónimo, le pregunto si había engañado a los españoles cuando dijo que no estábamos en crisis sino en una fase de desaceleración económica. Creedme si os digo que hubo varios cambios de color en la cara del Sr. Presidente (por lo menos mi TV lo mostró así) y nunca sabremos si, estos cambios de expresión, respondían a vergüenza o a indignación. La respuesta fue un alegato de defensa de su dignidad ya que dijo: “No engañé. Puedo equivocarme, lógicamente, pero no engañar”.
A algunos os parecerá que el título de post de hoy ha sido “un poco fuerte” por lo que debo explicarme. En el mundo en el que yo me muevo, el de la empresa privada, el alegar “me equivoqué” no es una justificación. Lo que cuentan son los resultados y no las buenas intenciones. Es comprensible que un político, a pesar de los 70 asesores que “dice que tiene”, no sea capaz de adivinar que iba a llegar una crisis de tal magnitud (hago un inciso aquí para decir que “todo el resto del mundo mundial ya lo sabía”) pero ¿no debiera tener algún tipo de consecuencia tamaña equivocación?.
Yo (debo ser un ingenuo incorregible) creo en la honestidad del Sr. Presidente. Creo hasta que le preocupa de verdad la situación de los millones de ciudadanos que sufren, a veces de manera dramática, esta crisis y confío en que tenga la capacidad suficiente para ayudarnos salir de ella porque, el posible recambio, no me inspira, sinceramente, la misma confianza (*).
Un abrazo “confiado”
Esteban
(*) Y no me refiero a su honestidad, de la que tampoco tengo duda, sino a su capacidad de gestión y su carisma en el liderazgo