MI BLOG DE COCINA

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miércoles, 28 de mayo de 2014

SI BEBES.......... ¡TRABAJA!

Hola:

¡Qué gozada! Hoy, uno de esos temas que son recurrentes en mis post y que me hacen parecer, cosa que soy ¡que narices!, un carca de los de órdago. Y diréis ¿eso te gusta? Pues, la verdad, hay veces que uno tiene que decir lo que piensa aunque eso suponga crear polémica.

Ahí va la noticia: "El Gobierno vasco impondrá trabajos sociales a los menores que consuman alcohol en la calle". Al parecer, el Gobierno Vasco, al darse cuenta ahora (¡ya les vale!) de que el nivel de adolescentes y pre-adolescentes que beben alcohol es de un 50% en Euskadi, ha decidido tomar cartas en el asunto. La futura "Ley de Adicciones", que se está tramitando, prevé muchas medidas educativas y coercitivas para reconducir esta situación pero hay una que me ha llamado la atención y es la que sancionaría "con trabajos para la comunidad" a aquellos menores que sean pillados bebiendo alcohol en la vía pública.

Está claro que las medidas que ya estaban en práctica, como la de multar a los padres, además de que eran impuestas de manera muy laxa, no estaban consiguiendo el objetivo de desincentivar el consumo de alcohol en los adolescentes. Al parecer, los padres, se rascaban el bolsillo y los chavales ni se inmutaban.

Ya metidos en harina, podrían sancionar también a todos aquellos que, con sus voces aflautadas, superen un cierto nivel de decibelios impidiendo dormir a los que ven en las casas cercanas.

Desde esta tribuna hago las siguientes sugerencias para esos trabajos "en beneficio de la comunidad":

-Limpiar, escoba y pala en mano, toda la mierda que dejan después de los "Botellones"
-Limpiar las pintadas con las que ensucian las fachadas de las casas (me refiero a esas firmas ilegibles sin ninguna calidad artística con las que dejan constancia de que "estuvieron allí")
.

Se me ocurre alguna más pero.......... prefiero no ponerla.

Un abrazo "esperanzado",

Esteban



sábado, 10 de septiembre de 2011

LITROS DE ALCOHOL … ¡Y KILOS DE MIERDA!

Hola:

El caso es que me he ido a pasear un rato por la ribera del río de una bonita ciudad riojana (de cuyo nombre si me acuerdo pero no lo digo aquí para no hacer publicidad) y me he encontrado con un espectáculo dantesco, del que me va a costar recuperarme

Y lo que me he encontrado es …¿Un cadaver? ¿Los restos de un incendio? ¿Un desbordamiento del torrente? ¡No! ¡Nada tan poco impactante! … ¡Los restos del “botellón de la noche”!.

No se si os podeís imaginar el espectáculo pero, por si acaso, os lo califico con con una sola palabra: ESTERCOLERO y os lo describo con unas pocas más: cientos de botellas vacías en el suelo, bolsas de plástico tiradas por todas partes, vasos de plástico aplastados, alguna que otra vomitona, en fin ¡un desastre!.

Y lo que yo digo es que si los jovenes (o “los más jovenes que yo”) quieren suicidarse a base de alcohol barato, ¡adelante!, no seré yo quien se lo impida pero, por favor, que antes de matarse limpien la mierda que han dejado.

Que no me justifiquen su guarrería (que me gustaría ver como tienen de limpias las casitas de sus “papás” que son los que pagan sus vicios) con el argumento de que las discotecas son muy caras y que, el tomar una copa en un pub, sale un ojo de la cara. ¡que ya estoy harto de argumentos para imbéciles!. Que “la mierda” no tiene nada que ver con el precio del alcohol.

Un abrazo “asqueado”,

Esteban

domingo, 31 de mayo de 2009

FELICIDAD EN UNA BOTELLA

 
Estaba profundamente preocupado por la situación de Montse pero, como uno es muy respetuoso con la privacidad de los demás, no quise escribir un post sobre ello. Ahora, después de que su hijo Axel nos ha informado mediante un “comunicado” (hay que ver, estos famosos, que hacen comunicados de prensa y todo… ¡que envidia!) y que Montse ha vuelto con renovado ímpetu (no hay mas que ver “la cera” que ha dado en su comentario a mi último post) quiero decir que me alegro enormemente de que se encuentre mejor.
El tema de hoy, que no tiene nada que ver con Montse ¡faltaría más!, me ha sido inspirado por un artículo aparecido en la prensa local sobre unas quejas vecinales a causa de las molestias producidas por El Botellón en una zona de la ciudad. Como veis, hoy toca tema inédito en mi blog y casi podría asegurar que profundamente polémico pero ¿quién dijo miedo?.
Una de las pruebas más fehacientes de que me estoy haciendo mayor (madurito “de buen ver” por supuesto) es que cada vez entiendo menos a los más jóvenes. He estado haciendo examen de conciencia que me ha llevado a repasar algunos de mis post anteriores y he visto que, cuando trato temas que afectan a la adolescencia o a la juventud, se percibe casi siempre un poso de desconfianza y de falta de entendimiento. Sabéis que he clamado contra “el hedonismo” imperante, he criticado el vacío ideológico, he denostado el desprecio absoluto a las formas en el trato y, por último, me he asustado con su desconocimiento y desinterés por nuestra historia más reciente. No es, creedme que lo digo después de haber pensado mucho en ello, ningún tipo de “jovenfobia” (es que no he encontrado ninguna palabra que defina esta “imaginaria enfermedad”) ni hay ningún afán de revancha motivado por la sensación de pérdida o la nostalgia. Percibo, además, que estoy cometiendo una injusticia por el uso constante de una generalización tal vez infundada. Pero, es que lo siento así y así lo escribo, tal como me sale, sin pensarlo.
Me he extendido demasiado en los prolegómenos y ahora me queda poco espacio para explicar mi tesis. No entiendo el fenómeno del botellón. No entiendo que la gente se junte (pero no se revuelva) con el único objeto de emborracharse. Yo recuerdo los tiempos en que nos emborrachábamos, en cuadrilla, pero todo tenía un fin. Bebíamos para infundirnos valor para abordar a las chicas, para ser más locuaces, para cantar perdiendo la vergüenza, para ritualizar nuestro paso a la edad adulta,…. Ahora, con el botellón, por lo que he podido ver y oír, el único objetivo es perder la conciencia, cuanto más rápido mejor.
He oído toda clase de explicaciones-excusas, a saber, el precio de las bebidas alcoholicas, el prcio de entrada a los locales de diversión, el famoso “se conoce gente”. No me vale ninguno pero, menos que ninguno, este último. ¿Habéis observado que en un botellón los grupos no se juntan entre si?. Al final, cada grupo hace su botellón por separado y, da la impresión que solo se reunen para una especia de “autoprotección” que garantice la impunidad. Por cierto, no he hablado (y debiera) de las molestias que producen a los vecinos que tienen la desgracia de tener un botellón cerca. Ruido, suciedad, destrozos, en fin, para volverse loco.
Estoy seguro que mis comentaristas, de los que siempre espero una respuesta que me ilumine y que muy a menudo consiguen atenuar o incluso modificar mis convicciones, sean capaces de explicarme lo que considero inexplicable. Aunque, de verdad, esta vez lo tienen bastante difícil.
Un abrazo “perplejo”,
Esteban