MI BLOG DE COCINA

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martes, 23 de septiembre de 2014

HISTORIA DE UN GILIPOLLAS

Hola:

La historia que os voy a contar hoy no ha aparecido en ningún titular de prensa aunque, visto lo visto, bien podría haber sido noticia de portada. La he llamado "Historia de un gilipollas" porque realmente, su protagonista, tiene toda la pinta de serlo.......... ¡o de haber nacido 100 años antes de la época actual! ......, ¡No lo se!.

Cuentan los que le conocen, que es un hombre perfectamente normal, de esos que, a primera vista, no destacan en nada.  Viste correctamente, tal vez un poco demasiado clásico y, entre una multitud, nadie le echaría una mirada dos veces seguidas.  Es un hombre que, cuando entra a trabajar por las mañanas, dice "Buenos días" y cuando se va por las tardes se despide con un "Adiós, hasta mañana".

Suele ceder el paso en las puertas, sujetándolas para que el que viene detrás pase primero. Ayuda a las personas mayores que vienen cargadas con la compra. Cuando tropieza con alguien pide "Perdón" (aunque, a veces no sea el culpable) y, cuando le dan el cambio, después de pagar en la frutería siempre dice "Gracias"

Procura no molestar a los vecinos, no habla alto por el teléfono móvil y se para en los pasos de cebra, para dejar pasar a los peatones, cuando va en coche.  Ayuda a los invidentes a cruzar las calles, a pesar de que algunas veces, lo que recibe es un exabrupto maleducado. No tira papeles ni desperdicios al suelo, buscando siempre una papelera donde depositarlos. 

Como podéis imaginar, he intentado documentarme antes de de escribir este post y he buscado de manera denodada referencias bibliográficas pero, al final, me he echado a llorar amargamente porque, desgraciadamente, he descubierto que ésta es una historia de ficción y el personaje al que me he referido no existe.

Un abrazo "triste",

Esteban


jueves, 11 de noviembre de 2010

¿SON TODOS UNOS REPLICANTES?


Supongo que casi todo el mundo recordará la famosa película BLADE RUNNER (en la que, por cierto, Harrison Ford hizo una interpretación memorable) que estaba inspirada en la no tan celebrada novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (Philip K. Dick 1968).

Los personajes de la película, unos androides prácticamente indistinguibles de los seres humanos pero con la fecha de caducidad grabada en sus genes, buscaban la eliminación de esa tara para poder equipararse al resto de la espacie.

El lenguaje cinematográfico hace que la historia se narre en clave de aventura pero, sin embargo, no consigue velar el dilema moral que se plantea en la novela y que es, simplemente, la dificultad de contestar a la pregunta ¿qué es lo que nos hace humanos?.

Supongo que no puedo ocultar que la historia, además de encantarme en cuanto aventura, me marcó profundamente y me hizo cuestionarme algunas de las ideas preconcebidas que había considerado correctas hasta ese momento.

Si las características físicas no me sirven para separar lo “humano” de lo “no humano”, no me queda más remedio que acudir a otras varas de medir. En la “mecánica” se usa una regla discriminatoria que se llama “form, fit and function”, o sea que, si la pieza tiene la misma forma, encaja en el mismo sitio y tiene la misma función se puede decir que es la misma cosa y entonces da igual todo lo demás. Si aplicáramos esta misma sistemática para determinar la “humanidad” de nuestros congéneres seríamos incapaces de discriminar y se nos colarían un montón de replicantes por la puerta de atrás. Debo acudir pues a el único arma que me queda y que no es otra que juzgar la “catadura moral”.

Ya se que usar cosas tan etéreas y subjetivas como “la moralidad” no es aceptable bajo el punto de vista científico pero, como tampoco tengo clara la existencia de algo fuera de mi mismo (mi “solipsismo” se está agravando por momentos), a mi me va a bastar para elaborar mi conclusión.

Y, después de un sesudo análisis de personajes representativos de la vida pública de nuestro país, he llegado a la conclusión de todos ellos son realmente replicantes por lo que me voy corriendo a localizar el teléfono de Harrison Ford para que venga a ayudarme a apresarlos y recluirlos en una zona de seguridad donde dejen de molestar.

No quiero pensar en la otra posible conclusión de mi razonamiento: ¿Será que el único tipo raro soy yo? ¿Seré yo el androide y serán los demás los verdaderos humanos?.

Un abrazo “asustado”,

Esteban

viernes, 10 de septiembre de 2010

EL FUEGO PURIFICADOR

Hola:

Para que no haya malos entendidos a la hora de leer este artículo tengo que comenzar diciendo que voy a usar el término “El Hombre” (con H mayúscula) para referirme al conjunto de la categoría animal “bípedo sin plumas”. Me niego a usar la palabra “Humanidad”, ya veréis porque.

Cada vez estoy más convencido de que la presunta racionalidad del ser humano es una patraña. Cada minuto que va pasando tengo más claro que “El Hombre” es uno de los animales con menos raciocinio de todos los que pueblan nuestro sufrido planeta. Cada día siento más vergüenza de pertenecer a la especie “Homo Sapiens” (*) que es “sapiens” solo porque sabe, mejor que otros mamíferos, como hacer daño a sus semejantes.

Seguro que alguien está pensado: “¡Vaya rebote que ha cogido Esteban! ¿Qué le habrá pasado?”. Pues no ha pasado nada que no haya pasado antes, y me explico: supongo que todos estás al tanto de la famosa “Quema de Coranes” que tiene pensado hacer un pastor de Florida ¿verdad?, pues de ahí viene mi cabreo.

Estoy harto de salvadores mesiánicos. Estoy hasta el gorro de provocadores inconscientes. Estoy hasta “las mismísimas” de fundamentalistas (de uno y de otro signo). No entiendo a los que se dedican a quemar libros pero tampoco entiendo a los que sacralizan un legajo de papel hasta el punto de matar o morir por ello. Que conste en acta que siento lo mismo cuando, en vez de libros, se queman banderas que (me cuenten lo que me cuenten) no son más que trozos de tela colgados en un mástil mas o menos alto.

Si alguien quema libros lo que había que hacer es detenerle por contaminar el medio ambiente y tratar de reeducar su estulticia y estupidez. Pero pensar que, por una resma de celulosa convertida en cenizas, es lícito matar o morir me parece mucho más grave.

Creo que ya he usado alguna vez la famosa frase de Lord Byron “Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro” pero, esta vez, esta vez me viene como anillo al dedo.

Quizás, en vez de libros, debiéramos quemar nuestros prejuicios, convencionalismos, religiones, creencias, ideas, en fin, todo lo que nos sobra, y dejar que el fuego purificador borre lo viejo y nos permita renacer límpios y puros, otra vez.

Un abrazo “verdaderamente enfadado”,

Esteban

(*) CLASIFICACIÓN TAXÓNOMICA DEL SER HUMANO (SEGÚN Linneo)

Reino: Animalia
  Organismos heterótrofos eucariotas sin pared celular y pluricelulares.
Phylum: Chordata
  Organismos, primitivamente, con notocorda.
Clase: Mammalia
  Organismos con glándulas mamarias, funcionales en las hembras, que secretan leche para la 
  nutrición de la cria. Homeotermos y con pelo.
Orden: Primates
  Ojos frontales, pulgar oponible.
Familia: Hominidae
  Cerebro desarrollado y con neocórtex, visión estereoscópica.
Género: Homo
  Espina dorsal curvada, posición bípeda permanente.
Especie: Homo sapiens
  Huesos craneales delgados, capacidad vocalizadora.